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TRASCENDER A LOS PROBLEMAS DE LA VIDA

Autor: Lic. Carlos Adalid Posos Jaime

Publicado: Sábado, 23 Junio 2018


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Algún amigo y familiar comúnmente te dirá “olvídalo”, “ya pasó”, “supéralo”, “deja de recordarlo”. No dudo de la buena intensión de las personas que te piden que dejes de recordar algo doloroso. Sobre todo porque pueden identificar cuanto te afecta. Sin embargo, cada repetición es la forma en que tu cerebro va asimilando lo sucedido y te dará al final una posición frente a él.

Recuerda que es un ejercicio que hace tu mente en automático. Por más que intentes evitarlo sucederá una y otra vez y al principio son muy frecuentes. Otra parte importante que hay que reconocer en estas repeticiones es que tienen interrupciones de forma súbita por diversos razonamientos. Estas interrupciones son argumentos que aparecen sobre tu participación en lo sucedido. “Entonces, yo dije… Entonces, yo vi… Por eso, yo reaccioné…  Yo no sé como pero…  Yo solo hice… No sé de dónde, pero… No entiendo cómo, pero yo…”. Hay muchas frases que ocupamos al recordar lo que vivimos. Es allí donde se exalta nuestra participación y esas acciones pueden tener pequeñas variantes sobre lo sucedido al relatarlos. Estas variantes  son trascendentales para procesar la información, ya que lo realmente es importante para tu cerebro son los argumentos que tú mismo emites sobre tu actuar, las razones del por qué hice, dije o deje de hacer tal cosa.

Pero ¿Cómo participé en lo sucedido?

Este es el punto, es el ángulo desde donde se analiza todo. ¡Este lugar es crucial para superar lo sucedido! Imagina este es punto de análisis como una isla en medio del mar, donde llegas después de un naufragio y es ¡ese el lugar donde salvas tu vida!. Allí procesaras lo sucedido. Una vez allí, tu mente se divide en juez y en abogado. Y hacen una revisión sobre lo que sucedió. Considera que en cada revisión, hay enfrentamiento entre estas dos partes. Una parte te juzga y otra es la que te defiende. La parte que inicia cada repetición de lo sucedido es el juez, busca identificar tus acciones con el objetivo de descartar que seas culpable de lo sucedido. Por otro lado, las razones de nuestro actuar son emitidas por el abogado, tal vez te suene como justificación una y otra vez lo que dices. Sin embargo, esas razones son las que evitan que explote tu aparato psíquico. Si el solo procesarlo te divide en dos, el dejar de hacerlo, generaría un gran caos en la mente y nos podría hasta desconectar de la realidad.

Después de exponer tus razones, se vuelve a insertar un juicio personal sobre lo que hicimos o dejamos de hacer ¡Es el juez que todos llevamos dentro! Determinará si hiciste bien o hiciste mal. Él imprime el dolor en el corazón o cualquier emoción y, de nuevo se repite el ciclo. Entonces, el ciclo consiste en recordar, enjuiciarnos, exponemos razonamientos de nuestras acciones, revivir la emoción y volvemos a recordar.


El juicio es una especie de depuración. Se trata de limpiar o quitar todo lo que impide la asimilación de lo sucedido. Y solo a través de esta limpieza se puede integrar la información a nuestra estructura mental. Una vez integrada podemos identificar en qué posición que damos a partir de esa experiencia y desde esa posición podemos iniciar los pasos hacia la superación. Aclaro, puede que la última versión que cuentas no sea la real (por ejemplo, que la última versión que narra una persona no es la misma que aparezca en un video de los hechos). Pero es la versión que logro que las personas siguieran conectados con la realidad y sigan viviendo.

Enfaticemos, solo a través de esa posición, muy ligado al dolor, es que se puede superar la situación y al final quedaremos en un lugar desde donde podremos seguir nuestra vida. Ese lugar lo determina  la valoración y aprendizaje adquirido. Recuerdas que ¿Comparábamos este lugar con una isla? Ahora imagina que en esa isla, hubo otros náufragos pasados y allí dejaron sus pertenencias, y dejaron vestuario como de una obra de teatro y tú te pondrás la ropa del personaje que mejor te quede. Una vez puesta la ropa del personaje, lucirás ante los demás como ese personaje. Otros te verán e identificarán con tu nueva forma de actuar. Aunque a ti, se te dificulte relacionarlo contigo. Porque lo real es que nadie nos damos cuenta de ello.  Además lentamente te iras convirtiendo en el personaje, del que elegiste la ropa. Entonces empezarás a actuar, hablar y pensar como el personaje.

El objetivo de hacer este comparativo de la isla y la ropa de un personaje es el esclarecer que posterior a un suceso catastrófico para tú vida, cambias y asumes roles diferentes para seguir e interactuar con los demás.

Con el tiempo, las repeticiones disminuyen, pero el rol que asumes posterior a lo sucedido permanece largo tiempo. Las repeticiones al principio son frecuentes y muy intensas; después van graduándose lentamente.

Esto sucede porque una vez que nos instalamos en ese papel que tomamos en la isla es para resguardarnos y difícilmente cambia, esto se debe a las ganancias secundarias que se tienen con el rol asumido. Es real que lentamente va disminuyendo el dolor --- tal vez en este momento, no lo creas posible---- Solo al combinar tiempo, distancia y repeticiones mentales se puede procesar lo sucedido. Lo más importante del papel en que nos coloquemos al final de cada revisión determinará si superaremos lo vivido o nos estancaremos para padecerlo como sufrimiento.

 Revisiones eventuales:

Imagina que después de que estas en el juicio. El juez te ve tan lastimado que te dice: “llévenselo con un doctor para que lo revisen y se recupere”. Pero también puede decir: “regrésenlo a su celda” o te puede decir “Aún no has aprendido, lo tendrás que vivir tarde o temprano”. Lo mejor que te puede decir es “prueba superada, ni tu… ni nadie de su familia será impactado por esto”.

Para que cambies de una estancia a otra, es necesario pasar por la revisión eventual del caso una y otra vez. Ésta puede ser al año (es de las más frecuentes) sin darte cuenta se revive las emociones o aparecen los recuerdos de lo sucedido. También otra revisión frecuente es cuando alguien cercano, ya sea familiar o amigo pasa por algo similar a lo que tu viviste o simplemente lo revives al ver una película relacionada con lo que viviste. Y entonces, en ese instante, se realiza otra vez y sin proponértelo la revisión del caso. En otras palabras pasado el tiempo, tarde o temprano volverás a recordar lo sucedido.

 

Retomemos la analogía de la isla. Recuerdas que: ¿Habíamos dicho que es como un rol o papel que actúas o asumes al llegar ahí y ponerte la ropa de los náufragos anteriores a ti? Y que este rol o papel es en el que te sientes más cómodo o confortable y por ello dura mucho tiempo. ¿Cuánto? “Mucho tiempo”. Lentamente con forme pasan los meses y tus revisiones eventuales, te darás cuenta que pasas de los papeles secundarios a los papeles de actor principal y de gran trascendencia.  ¿Cuáles son estos papeles? Te describo los más usuales:

 

Niño Lastimado o Víctima:

A los hombres y a muchas mujeres se les dificulta  identificarse como víctimas. Sin embargo, al final de sus historias se encuentran bajo el paradigma yo pierdo, tu ganas. Y eso es coloca en el papel donde han sido lastimados, ofendidos, utilizados o victimados por alguien más. Donde perdieron algo (tiempo, amor, dinero) o alguien. En este rol de víctimas se descarta a las personas de corresponsabilizarse de lo sucedido.

El Niño Alegre: 
Es un procesamiento natural de asimilar lo sucedido, pero sin aprendizaje. Es como caerse, sacudirse y seguir jugando. Sin embargo, al poco tiempo se vuelve a repetir la misma historia o hecho porque no le da el valor o la importancia necesaria. El rol de niño alegre no siente culpa o responsabilidad. Lo que siente es tristeza o enojo pero dura poco y luego busca un nuevo juguete y sigue la vida.

Abrigado por un Padre Bonachón:

Ésta posición filtra psicológicamente el amparo u abrigo de otra figura de psicológica de apoyo que le quita responsabilidad de lo sucedido al protagonista. Aparece en el discurso del afectado como: “mi padre dice”, “mi madre me dijo”, “el pastor me aconsejó”… alguien en un puesto de autoridad moral o sobre la materia resta la responsabilidad en la participación. Esto es la posición de un hijo vulnerable. Porque no sabe, no ha aprendido o no se dio cuenta. En conclusión, se le resta responsabilidad y entonces se tolera las acciones o decisiones. Pero como no entiende, no sabe o no se da cuenta, entonces, necesita de alguien que lo guíe, lo proteja o lo absuelva de responsabilidad. Conclusión tendrá que seguir aprendiendo para que sea independiente.

El Padre Castigador:

Es el tipo de procesamiento donde el protagonista detecta la responsabilidad en la otra persona y le pone un precio o pago por la  enmienda: “Tengo que hacer que pague”… “Ese no se va a burlar de mi”… “pagará por esto”. Detrás de ese objetivo (que se pague o que alguien más pague), está la intensión de demostrar que ellos mandan, que se tiene que hacer como ellos dicen o piensan. Y si sucede lo contrario tendrán que hacer una corrección en la otra persona.

Existe una variante de esta postura del padre castigador. Cuando la persona se detecta como culpable ella misma y se castiga por el resultado a sí mismo. En esta sentencia el protagonista queda como víctima y culpable por lo que no se puede mover, o tener la intención de hacer enmiendas o concesiones a su persona. Frecuentemente declaran: “Me lo merezco por…” “Como yo no hice… esto es lo que me pasa”  “Merezco esto y más”. Estas declaraciones refieren el resultado del juicio y se requiere prestar mucha atención a la sentencia autoimpuesta. Ya que en ella puede estar oculta incluso al que la padece.

 

El Adulto Racional:

Identifica las causas y consecuencia de sus actos. Se responsabiliza y lo puede hacer de forma verbal o frente a los involucrados de la situación. Sin embargo, al hacerse él responsable también hace responsable a la otra persona de su participación. Su razonamiento es tan fuerte que si la otra persona no identifica o compromete ante las consecuencias de lo sucedido No identifica las razones por las que no pueden hacer o dejar de hacer ciertas conductas que afectan la relación. Es el tipo de personas son las que creen que con hacer acuerdos, un plan o programa van a mejorar las cosas.

Busca que la persona se responsabilice y crezca desde la razón. Tiene dificultades para procesar emocionalmente lo sucedido, por  lo llegan a somatizar con malestares, dolores o síntomas diversos. Pero difícilmente lo relacionan con lo vivido.  Su forma de reaccionar más frecuente es aprender de sus errores y se exige perfección. Solo sufre si vuelve a cometer un error que consideraba superado. Pero recordemos que sus emociones tomarán fuerza, mientras se nieguen se manifestaran como malestares o dolores fisiológicos.

Adulto Trascendental:

El adulto trascendental advierte un beneficio de todo lo sucedido, deja que la experiencia sea eso “una experiencia de vida” que deja un aprendizaje, que contribuye en el crecimiento personal. Identifica la participación sin quedarse en los sentimientos de culpa, también evita ponerse en el papel del papá que tiene que enseñar al otro sobre sus errores. Aprende de sus errores y se responsabiliza de ello, pero a diferencia de los padres puede seguir viviendo, aprendiendo y valorando cada instante vivido.

Estos son los roles o papeles más comunes. Es muy  importante hacer una autovaloración de las historias que cuentas de tu vida e identificar que roles has asumido antes ellas: de Niño Lastimado o Víctima, de Niño Alegre, Abrigado por un Padre Bonachón,  El del  Padre Castigador El del Adulto Racional, Adulto Trascendental, etc. Así como la influencia que ha traído a tu  vida el asumir esos roles. 


Recuerda que si descubres que no es fácil hacerlo solo  ¡Cuentas con nosotros!

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Autor: Lic. Carlos Adalid Posos Jaime

Estudió la licenciatura en Psicología. Es instructor certificado por el Consejo Nacional de Normalización y Certificación de Competencias Laborales. CONOCER. Su interés e inquietud por el conocimiento, lo ha llevado a ser altamente autodidacta y a través de la experiencia práctica se ha especializado en programación neurolingüística, inteligencia emocional, entre otros enfoques. Todos ellos dirigidos al desarrollo del hombre como individuo en sus contextos laborales y personales principalmente.

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